A granel

Qui més qui menys, sabrà que l’impacte ecològic de l’embalatge i el transport d’aliments és un dels grans desavantatges de la vida i consum moderns. Cada cop són més les persones que en prenen consciència i procuren aportar el seu granet de sorra per invertir aquestes dinàmiques, cadascú a la seva manera. Cooperatives de consum, restaurants que aposten per productes de KM 0 o bé, com en el cas de la botiga de la que ens parlen avui a El País, establiments que recuperen la venta a granel. Al barri de Gràcia, n’hi ha que no han deixat mai de fer-ho fins al dia d’avui, de totes maneres, sempre és bo descubrir noves iniciatives!

Temblad, paquetes de arroz: vuelve la venta a granel

Por: Mikel López Iturriaga | 09 de octubre de 2012

Gracia2
La tienda de Granel en el barrio de Gràcia de Barcelona. / GRANEL

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La venta de alimentos secos a granel nos puede sonar a ultramarinos de la infancia, a película en blanco y negro o a señora mayor de pueblo con delantal y zapatillas de paño. ¿Quién compra los garbanzos, el arroz, la harina o el azúcar al peso? Muy pocos, desde que los productos envasados se impusieron hace décadas. Sin embargo, el sistema tenía sus ventajas: menos residuos en forma de paquetes y la posibilidad de comprar justo lo que se necesitaba. Es decir, menos derroche y más economía.

Dos emprendedores barceloneses, Judit Vidal e Iván Álvaro, intuyeron hace un año que esta manera de comprar podía volver a tener sentido, y por eso crearon Granel. En la tienda, que acaba de abrir su primera sucursal en Barcelona capital, se pueden adquirir un montón de productos al peso: arroces, legumbres, harinas, galletas, cereales para el desayuno, frutos secos, aceitunas, hierbas aromáticas o especias. La cantidad mínima que puedes meter en las bolsitas de papel reciclado o de fécula de patata es de cinco gramos, por lo que no hace falta que te compres un bote entero de cardamomo para aquel curry que haces una vez cada siglo.

Aunque la ausencia de alimentos envasados remite a tiempos remotos, la sensación que da el local no puede estar más lejos de lo viejuno. Los sacos de legumbres de cuando la bisabuela, que según Judit “hacían desconfiar a mucha gente”, han sido reemplazados por limpios dispensadores colgados de las paredes y cajas transparentes incrustadas en mesas de madera clara. El diseño de la tienda es luminoso, sencillo y agradable, e invita a entretenerse un rato curioseando los productos o jugando a pesarlos.

Judit, de 35 años, proviene del mundo del interiorismo aplicado a la escenografía. Iván, de 36, es arquitecto. Conscientes del mal momento que atraviesan sus disciplinas, se plantearon impulsar un negocio que promoviera valores con los que ya estaban comprometidos, como la sostenibilidad. Cuando vivió en Irlanda como estudiante, Judit conoció “una especie de tienda de chuches bastante cutre donde vendían caramelos, detergente o té a granel”, que se le quedó “grabada en el algún lugar del cerebro”. La pareja creyó que el procedimiento se podía aplicar a productos sanos y respetuosos con el medio ambiente, y se lanzó a crear una cadena de tiendas franquiciadas libres de envases de plástico. El primer ensayo fue la tienda de Vic, inaugurada en diciembre de 2011. Después vino Granollers, en agosto. La tienda online ya está en funcionamiento, y las siguientes plazas físicas serán Ibiza, Madrid y Lleida.

“Elegimos lo que vendemos en función de tres criterios”, explica Judit. “La proximidad, lo ecológico y la producción natural. A veces primamos la proximidad frente a lo ecológico porque al final es más sostenible al reducir el transporte”. Los alimentos bio están marcados con un pequeño sello verde, pero de forma intencionada, Granel no hace ostentación alguna de lo orgánico. No quieren que se les encasille en ese terreno, ni sienten necesidad alguna de justificarse. “Los que tienen que dar explicaciones no somos nosotros, sino son los que venden comida que no es comida”, asegura Judit.

Imagino que tampoco les gusta que les vean como otra tienda más de alimentos ecológicos caros. Judit afirma que su público es “muy transversal”: “Desde el adolescente que va a comprarse algo para la merienda, a personas que viven solas, señoras mayores o familias. Gente que busca lo ecológico o simplemente lo económico, al poder comprar cantidades pequeñas”.

Además de evitar el despilfarro, según los impulsores de Granel su método promueve una dieta rica, al permitir probar muchos alimentos diferentes en minidosis. El esfuerzo por ofrecer variedad es evidente: en los cereales, por ejemplo, no sólo hay trigo, sino también cebada, espelta, trigo sarraceno o kamut. Si todo esto te suena un poco macrobiótico, relaja encontrarse con pastas de colores, cebolla frita, arroces con verduras, risottos con setas, escalibada o sofritos para paella deshidratados, todos listos para ser cocinados con rapidez sin grandes complicaciones.

¿Logrará Granel convencernos de la validez de una fórmula semiabandonada? Existen casos de negocios similares en Estados Unidos y Canadá, y la acogida en Vic ha sido, según Judit, muy buena. Si consiguen que tiremos menos comida y menos recipientes de plástico a la basura, para mí habrá sido todo un éxito.

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